EL NACIMIENTO DEL INGLÉS MODERNO

mapaeuropaen1621Por entonces, afianzada la identidad tras la expulsión de los normandos, el inglés se asoció cada vez más al reino de Inglaterra. Primero se afianzó en el ejército, luego en las clases medias de la corte, y después se introdujo hasta alzarse como la principal lengua escrita de la administración a mediados del siglo XV. Y todo eso sucedió a pesar de que en 1337 el conflicto entre ingleses y franceses estalló y dio paso a un largo periodo de luchas que se extendió hasta 1453, y que se llamó convencionalmente la Guerra de los Cien Años, aunque fueron más.

El nuevo inglés que se escribe hacia la mitad del siglo XIV podemos decir que es el actual. Por entonces cumple las necesidades de la vida diaria y algunas relacionadas con el conocimiento y la cultura. Echa sus raíces en la lengua hablada del centro del poder, Londres. No salía humillado de aquella larga convivencia. Resucitaba sólido como lengua de una nación, la dominante. Y ya no era la lengua de uno de aquellos pueblos constituido en reino, que era su estatus en 1066 en la invasión normanda.

El pueblo inglés, y probablemente también su fuerza cultural, había impedido que el francés prolongara su estancia como lengua dominante, que es lo que tantas veces ha sucedido en diversos lugares del mundo, y por entonces, por no perder la costumbre, volvía a repetirse.

¿Y qué sucedía en la dimensión literaria? A finales de la Edad Media los ideales del amor cortés se habían introducido en Inglaterra. Fueron especialmente populares los temas relacionados con el rey Arturo y su corte. Por otra parte, piezas teatrales de misterio se representan en pueblos y ciudades para celebrar eventos y conmemoraciones. El primer gran autor inglés, Geoffrey Chaucer (1340-1400), escribió una colección de historias de géneros dispares, The Canterbury Tales (los cuentos de Canterbury). Los narra un grupo de peregrinos que viajan hacia Canterbury, considerado el principal centro religioso de las islas. Su obra se inspiraba en los cambios y avances que tenían lugar en Europa, especialmente deudora del Decamerón de Boccaccio.

Y pronto sucedió algo más importante, la decisión de Enrique V que altera los usos lingüísticos de la corte en la correspondencia: dejará de utilizar el francés suplantado por el inglés. El modelo se extendió primero en la corte y más tarde en el pueblo a pesar de que nadie lo había exigido, ni tampoco sancionaban a quienes usaran el francés. Corría el año 1417.

Hacia la mitad de aquel siglo la lengua de la burocracia ya era el inglés. Con la llegada de la imprenta en 1476 se empieza a propagar la literatura en inglés. Es el nuevo impulso para laurearlo como habitual para los escritores. La reforma protestante inspira una liturgia propia. La poesía, el drama y la prosa de los reinados de Isabel I (1558-1603) y de Jaime I 1603-1625) desarrollan el Renacimiento inglés. Los escritores se interesaron por las obras italianas. Algunas compañías de actores se instalan en Londres, y la cultura toscano y la lengua entra en Inglaterra, se instala, y prolongan su influencia durante siglos

_visd_0000JPG01EZ3Pronto la lengua inglesa iba a verse inmortalizada con la obra de un escritor que había de convertirse en clásico, tan notable y reputado como los griegos del siglo de Sócrates o los latinos del de Cicerón. Se trata de William Shakespeare (1564-1616), el más importante en lengua inglesa y uno de los pocos capaces de sumarse al breve catálogo de los grandes de la literatura universal. La difusión de la lengua inglesa ha contribuido a su irradiación por el mundo, pero con independencia de esa dimensión, son muchos quienes consideran a Shakespeare el mayor dramaturgo de todos los tiempos. Recordaremos que sus obras, varias de ellas, se han representado siempre, y más veces y en mayor número de traducciones que las de cualquier otro escritor. Solo Cervantes, con independencia de que coincidan en épocas, podía ser comparable a la genialidad de quien supo poner en tan alto lugar a la expresión inglesa. No hay lengua en el mundo que se precie que no disponga de alguna traducción de una obra del dramaturgo. Algunos de sus personajes se han convertido en tópicos universales como Romeo para el amor, Otelo para los celos o Hamlet para el poder.

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